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Expertos son sólo profesionales con experiencia

DSCI0175De un tiempo a esta parte, cada día van surgiendo un mayor número de expertos en las más variadas materias y cuestiones, como si hubiese una especie de pandemia que obligase a todo bicho viviente a “sacar ese experto que lleva dentro”, que además se toman la libertad (por otro lado algo muy deseable en cualquier caso) de opinar sobre algo de lo que tienen un remoto y superficial barniz.

No solamente necesitan saber de lo que hablan sino que sería altamente recomendable que hablaran de lo que saben. En mi opinión se ha producido una desnaturalización y una devaluación de lo que históricamente se ha venido considerando como un experto. Me explico: según el Diccionario de la RAE, experto proviene del latín expertus que significa experimentado, es decir, que tiene experiencia, esto es, una “práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo”.

Quiero decir con esto, que quizá los conocimientos teóricos estén al alcance de cualquiera, pero la experiencia no consiste en asistir a unas cuantas charlas, leer varios libros o descargarte unos cuantos cursos de la red. Pero, a no ser que estemos alterando, desvirtuando o tergiversando el concepto, solamente con ingredientes teóricos no parece que podamos hablar de un experto.

Quien nunca ha trabajado con equipos de personas, no tiene sentido que se dedique a explicar cómo hacerlo; si desconoce lo que implica tomar decisiones de gestión de una organización, no suena lógico que pretenda establecer los parámetros que las enmarcan; si solamente ha realizado pruebas de laboratorio, no puede aseverar que se van a obtener determinados resultados fuera de un entorno controlado; si no ha tenido la oportunidad de probar y contrastar sus métodos, medidas y acciones, difícilmente podrá asegurar que han funcionado.

En resumen, quien no cuente con experiencias y vivencias propias, entiendo que no disponga de muchas opciones más allá de utilizar algunas ajenas o directamente inventarlas.

Por desgracia, a diferencia de lo que normalmente ocurre en el mundo de la empresa privada, sobre todo por las consecuencias adversas que se pueden derivar de una desacertada elección de la persona destinada a ocupar un puesto, ha quedado claramente demostrado que para ocupar algunos puestos en el ámbito de las instituciones públicas no es necesario tener ningún nivel de preparación académica, de conocimientos técnicos o de experiencia práctica. Incluso tenemos múltiples ejemplos de grandes supuestos expertos que después de plantear planes y programas ante determinados escenarios, han logrado que se produzca un claro empeoramiento y, paradójicamente, un tiempo después como premio al nefasto resultado obtenido, han sido llamados de nuevo para plantear soluciones que corrijan los problemas que ellos mismos habían creado, cerrando el círculo de la incompetencia.

Creo que es algo generalmente aceptado considerar a Leonardo da Vinci como un visionario, un genio, un inventor muy adelantado a su época, que fue capaz de imaginar y diseñar los artilugios y máquinas más novedosas de su tiempo, unas veces como ideas propias y otras adaptando prototipos ajenos, pero muchos de ellos no llegaron nunca a funcionar en su momento, probablemente porque no se daban las circunstancias para ello, los avances técnicos y los materiales empleados no eran los más adecuados, o simplemente no terminaron de desarrollarse puesto que no tenían una aplicación práctica.

De la misma forma, desde mi punto de vista, en la situación actual, las recomendaciones, medidas y acciones planteadas, tienen que tener un efecto positivo inmediato para las empresas y organizaciones, referirse a cuestiones y aspectos definidos, concretos, específicos y, sobre todo, basarse en vivencias y experiencias anteriores, que conforman la práctica a la que hacíamos referencia al principio de este artículo, que solamente está al alcance de quien ha desarrollado una actividad profesional durante un largo período de tiempo.

Quizá alguien debería plantear un nuevo vocablo, por ejemplo “experteórico” para definir a quienes se consideran o son considerados expertos, pero no lo son si nos atenemos a la definición de este adjetivo, puesto que no pueden ser experimentados al faltarles la imprescindible experiencia.

Javier de Jasso

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